miércoles, 9 de mayo de 2012

El astronauta Paolo Nespoli, relata en una conferencia cómo se vive y trabaja en la Estación Internacional en el Museo Elder de la Ciencia y La Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria


El hombre es un explorador nato. Una práctica que "hace sin darse cuenta" y "el impulso para explorar es lo que nos lleva hasta el espacio". Con esta reflexión, el italiano Paolo Nespoli, astronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA), justificó por qué vamos al espacio ante el largo centenar de personas que acudieron anoche al Museo Elder de la Ciencia y Tecnología para conocer de primera mano su experiencia en las distintas misiones que ha participado en la Estación Espacial Internacional.

El astronauta, que se encuentra en la Isla invitado por el Instituto Tecnológico y la Innovación en Telecomunicaciones (Idetic) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, hizo gala de un fino humor en una ilustrativa charla que con el título de Más allá de la exploración: vivir y trabajar en el espacio, abundó en la importancia de la carrera espacial no como un reto entre potencias, sino como una necesidad de futuro para la investigación y desarrollo tecnológico.

Su condición de miembro de las misiones ISS-26, ISS-27, la STS-120 de la NASA; los distintos proyectos de los que ha participado en sus estancias en la Estación Espacial; la implicación en los programas de divulgación de las distintas actividades de la Agencia Europea destinadas a la infancia, como el Magisstra; o los encuentros ISS Contact, que permitieron su contacto por radio con una veintena de alumnos canarios en marzo del pasado año, entre otros, convierten a Nespoli en toda una autoridad en la materia. "Allí podemos hacer las cosas que no podemos hacer en la tierra", dijo al comenzar a detallar las singulares condiciones de vida y de trabajo en la Estación Espacial. "Es muy costoso, complicado y peligroso, pero no vamos a la Luna ni a Marte, sino a la Estación Espacial que es tan grande como un campo de fútbol".

Paolo Nespoli recordó que en este medio, "fuera de la atmósfera y en condiciones de microgravedad", todo se complica, aunque para el neófito pudiera parecer lo contrario. "No puedes controlar nada, las cosas empieza a flotar, desaparece la cuchara,..., allí se trabaja duro y el cuerpo no funciona bien porque es el entorno que nos discapacita".

En la Estación y en las distintas misiones, Nespoli ha convivido con otros cinco astronautas de distintas nacionalidades. Con una tripulación de seis personas, entre veteranos y noveles, y tras recordar las estrecheces de la nave que le llevó en su última misión en una incómoda "posición fetal", y el peligro que supone un mal atraque, el día a día exige una pronta adaptación a la ausencia de microgravedad. Dormía en un cubículo que no era más grande que una cabina telefónica, aunque podría haber sido peor ya que "no tuve que dormir como un vampiro", dijo en una de sus constantes bromas.

Experimentos de mutación celular, de fusión de metales, de comportamiento de fluidos, y sobre las reacciones del cuerpo humano en estas condiciones, fueron parte de las actividades de las que Nespoli ha formado parte. Eso sí, olvidando los hábitos de todo tipo a los que estaba acostumbrado en la Tierra, como el desconcertante hecho de ver amanecer y anochecer con frecuencias de media
hora.

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